Mexicanos galardonados en Alemania por activismo digital

Un colectivo de mexicanos dedicado a promover la conciencia sobre la privacidad digital y la protección de los datos personales en internet fue reconocido este martes en Alemania en la entrega de premios Bobs (Premios Best Online Activism/Lo mejor del activismo en línea) en la categoría Privacidad y seguridad.

Rancho electrónico
Desde el sitio Sitio Rancho Electrónico se ofrecen talleres gratuitos sobre seguridad digital, redes cooperativas, defensa del hacker, creación con sofware libre, ciberfeminismo, entre otros temas.
La “comunidad horizontal y autogestiva”, como los definió un representante al recibir el reconocimiento, explicó que su aparición se debe a que “en México el gobierno vigila las comunicaciones electrónicas con el pretexto de resguardar la seguridad pública”.
Los premios son organizados desde 2004 por la cadena alemana de medios Deutsche Welle. En su momento han entregado reconocimientos a la bloguera cubana Yoani Sánchez o al Sunlight Foundation, de Washington, la organización no gubernamental destacada en temas de gobierno abierto.

Scherer, el reportero

“El golpe a Excélsior” (junio de 1976), pasaje obligado en la historia del periodismo en México y de la historia de los medios de comunicación, debería llamarse “El golpe a Scherer”.
Periodista desde 1940, Julio Scherer (Ciudad de México, 1926) nunca dejó de ser reportero. Sus textos comenzaron a leerse en el diario vespertino Últimas noticias en los años cuarenta del siglo pasado, dos décadas más tarde Scherer se convertiría en el director de Excélsior, diario principal de la misma casa editorial en el que iniciara su trayectoria, en el cual y bajo su guía se sentaron las bases del periodismo mexicano.
Scherer llegó a la dirección de Excélsior tiempo antes de la matanza del 2 de octubre de 1968. Un día después, cuando todos los medios se abonaban a la “versión oficial” de lo sucedido en la Plaza de las Tres Culturas (un enfrentamiento), Excélsior publicó una caricatura de Abel Quezada; un fondo negro con una frase “¿Por qué?”.
Desde ese momento se convirtió en un opositor al régimen priista. Para 1975 Scherer recibía aparentes protestas cotidianas de accionistas del grupo editorial, en realidad eran enviados del gobierno. Las cuales tuvieron su cenit con el “golpe a Scherer” en 1976.
Tras su salida de Excélsior, fundó el semanario Proceso, con la misma línea opositora al poder gubernamental. Después del “golpe a Scherer” el presidente Luis Echeverría puso a su servicio todo lo que se publicaba en ese diario.
Scherer es parte de una generación de maestros del oficio como Vicente Leñero, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, contadores de historias y reveladores de pasajes históricos.
Octavio Paz fundó la revista Vuelta como parte de las publicaciones del grupo que editaba Excélsior. El desaparecido Nobel de Literatura mexicano lo refirió en extremo respetuoso de la libertad de expresión.
“En 1971 el director de Excélsior, Julio Scherer García, nos propuso la publicación de una revista literaria, en el sentido amplio de la palabra literatura: invención verbal y reflexión sobre esa invención, creación de otros mundos y crítica de este mundo. Aceptamos con una condición: libertad. Scherer cumplió como los buenos y nunca nos pidió suprimir una línea o agregar una coma”.
Autor de una veintena de libros, Scherer fue agudo observador de la política mexicana, por añadidura de la corrupción imperante en el país, de los entretelones del poder y del nexo de la política con delincuencia.
Buscador de la nota, reportero de siempre, en su trayectoria se enlistan inumerables entrevistas, algunas polémicas como la de 2010 al narcotraficante Mayo Zambada, la realizada al subcomandante Marcos en 2001 o las que realizaría a Sandra Ávila Beltrán y que se publicarían en el libro La Reina del Pacífico. Es la hora de contar.
Es momento de los reporteros de hoy, sus herederos, reseñen la historia de Scherer.

(Caleidoscopio Peridíostico).

Adiós, Cerati, gracias por la adolescencia (obituario)

¡Gracias, totales!

¡Naaadaaa, nada personal! Frase que resuena en la mente de muchos cuarentones, la voz: Gustavo Cerati, maestro de la interpretación que dio personalidad al rock en español.

Para muchos la música de Soda Stereo llegó en 1985 y 1986 y fue la entrada a la adolescencia plena. Algunas de las letras del grupo argentino, “Cuando pase el temblor”, “Juego de seducción”, se reimaginaron en el doble sentido mexicano; no había mensaje subliminal sino un sonoro y rockero doble sentido.

 

Los acordes de “Persiana americana” eran motivo de euforia; los pases de guitarra en el preludio de “Signos” erizaban la piel de cualquier preparatoriano incursionando en el mundo de las cervezas y el bautizado “rock en tu idioma”.

Quizá hoy el ritmo de “Sobredosis de TV”  la ubique en un nada pretencioso registro de éxitos de un pop melodioso, pero para esos tiempos resultaba estruendosa y propiciaba la previsible demanda de bajar el volumen de los estéreos de casa o del auto, pero nada comparable con los guitarrazos en la intro de aquella “De música ligera”.

 

Cerati  llegó por el radio,  nada de redes sociales ni youtube; llevó a Soda Stereo a nuestras casas en discos y casetes y permaneció en nuestras mentes. Su voz permanecerá en nuestro ideario musical y en su discografía.

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El grupo ofreció novedades por más de una década, “Estoy azulado”, “Ella usó mi cabeza como un revólver”, “El Rito”, “Canción animal”, “Lo que sangra”, “Picnic en el 4oB”, “Me verás volver”, hasta que los éxitos se volvieron clásicos para los muchos unplugged de MTV.

Si Soda Stereo le dio vida a Cerati o viceversa no importa; importa lo que deja en la gozosa mente de los oyentes de ese Stereo que fue la voz de Cerati.

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soda despues

Por @Octavous.

Robots porristas en estadios de Corea

Se llaman “Eagles Fanbot”, son un grupo de fanáticos cibernéticos que llegaron a los estadios de Corea a apoyar al equipo Eagles de beisbol.

Fanrobot

Según el video en internet, ante la baja de asistencia a los estadios debido a que la gente ahora prefiere ver los partidos en sus teléfonos celulares e interactuar con otros espectadores en foros virtuales, la empresa del equipo ideó los Fanbots. Se trata de robots que ocupan un espacio en las tribunas y que sirven para transmitir mensajes de los fanáticos que se conectan vía internet.

Equipados con una pantalla que se levanta con dos brazos mecánicos, altavoces que reproducen gritos de ánimo a los jugadores y una pantalla en la cara en la que se proyecta la imagen de fan que está al mando de cada robot, estos Fanbots permiten una representación real de lo que quisiera hacer el fanático que no está en el estadio, pero que se conecta desde su celular.
Según la empresa coreana, los fans y los fansbots ayudarán a conseguir más victorias a los Eagles de Corea.

Por su puesto, todos los Fanbots portan la playera y gorra del equipo.

Monstruos en las aulas

Por Nancy Gibbs

(Texto publicado originalmente en Time y Reforma).

timeEl día empezó con un presagio ominoso para la escuela secundaria Columbine, de Littleton, Colorado, una próspera comunidad de 35 mil habitantes al sudoeste de Denver. El mensaje que aparecía en los monitores de video que hay en cada aula no estaba precisamente sacado de las obras de Ralph Waldo Emerson. Un estudiante recuerda que era algo como “Mejor que se larguen”.

Ese día era también el aniversario del nacimiento de Adolfo Hitler. Algunos de los integrantes del grupo de amigos de Eric Harris y Dylan Klebold -al que se había dado en llamar la Mafia de los Abrigos- se sentían muy atraídos a la mitología nazi. Sus miembros usaban camisetas negras con esvásticas, hablaban alemán en los pasillos de la escuela, reproducían batallas de la Segunda Guerra Mundial, y jugaban con los videojuegos más violentos. También hablaban de las personas a las que odiaban y de las que les gustaría matar.

Pero, realmente no eran peligrosos, ¿verdad? En todas las escuelas hay alumnos rebeldes: los aficionados a la estética gótica, con uñas pintadas de negro y lápiz de labios oscuro. Están los chicos que fuman marihuana, otros que no van a clases y, a veces, los chicos más brillantes, aficionados a las computadoras, que encuentran solidaridad en la exclusión. En cuanto a la pandilla de Columbine, sus compañeros los describían como chicos indeseables, rechazados y “típicos estudiosos” que, al igual que los deportistas y los “niños de papá”, tenían su propia mesa en la cafetería. Su foto en el anuario de la escuela llevaba el siguiente epígrafe: “¿Quién dice que somos diferentes? La locura es saludable. Lucha por estar vivo, ser diferente y estar loco”.

asesinos columbine“Lo hacen para llamar la atención”, dice Greg Montgomery, de 19 años de edad. “Hay una especie de rivalidad con nosotros”, añade el jugador de hockey Chip Dunleavy, de 17. “Nos odian porque somos la élite social de la escuela”. Esa rivalidad llevaba meses hirviendo a fuego lento. Algunos estudiantes señalan que hasta los profesores solían tratar mal a los “abrigados”, acusándoles injustamente de cosas que no habían hecho, dejando siempre que los deportistas se salieran con la suya porque éstos eran la aristocracia. A uno de los atletas, especialmente, le gustaba provocarles, burlándose de su ropa y refiriéndose a los abrigados como “escoria”. Otros los llamaban homosexuales, acosándolos hasta el punto de arrojarles piedras y botellas desde los autos.

Algunos integrantes de la pandilla intentaban ignorar las agresiones, mientras que otros respondían. Una vez, uno de ellos supuestamente blandió una escopeta ante los que les molestaban en el parque. Una vez grabaron un video para una clase en el que contaban la historia de unos chicos con abrigos que cazaban a sus enemigos con escopetas. Una inscripción en el cuarto de baño de los chicos advertía: “Algún día Columbine va a estallar. Muerte a todos los atletas. Los deportistas deben morir”.

Ese día, la cafetería regalaba galletas a los estudiantes. A las 11:30, hora del almuerzo, había cientos de alumnos en las mesas y haciendo cola cuando afuera comenzaron a sonar las detonaciones. Los estudiantes vieron a dos jóvenes con abrigos y máscaras que disparaban a otros chicos; uno de ellos arrojó algo hacia el techo que causó una explosión. Algunos creyeron que se trataba de la tradicional travesura de despedida de los estudiantes de último año -algo así como reventar globos llenos de espuma de afeitar-. Serán fuegos artificiales, creyeron. Seguro que las pistolas son de mentira. Y la sangre también, ¿no? ¿Una bomba de broma sería capaz de sacudir las paredes? En seguida los estudiantes comenzaron a gritar y correr. Uno de los chicos sintió silbar una bala por encima de su cabeza.

“¡Tírense al suelo!”, gritó el encargado de la limpieza. “¡Debajo de la mesa!”. Todos buscaron protección, arrastrándose debajo de los muebles y por encima de las mochilas, deslizándose hacia las escaleras y echándose a correr cuando volvieron a oír disparos. “Sentimos una explosión tras otra”, dice Jody Clouse, estudiante de segundo año. “El suelo se sacudía con cada explosión”. Las balas rebotaban contra los armarios metálicos. Algunos intentaron subir corriendo las escaleras para refugiarse en la biblioteca, pero había humo por todas partes. La alarma contra incendios se había activado y los aspersores habían transformado la escuela en una cegadora selva de niebla. Por eso muchos estudiantes se replegaron, bajando la escalera para alejarse de la biblioteca que, al terminar el caos, había quedado convertida en una tumba masiva.

eric-dylan-commons-longhsotKaren Nielsen, empleada de la cafetería, estaba ayudando a los estudiantes heridos cuando vio a los atacantes. Al escuchar disparos en la sala se llevó a los chicos rápidamente hasta el baño. Se llevó un teléfono para llamar a la Policía, y de repente pensó: “Van a ver el cable y entonces no tendremos salida”.

Neil Gardner, el subcomisario a cargo de la seguridad de la escuela, escuchó los disparos y corrió hacia la cafetería. Intercambió disparos con uno de los atacantes al localizarlo y luego se puso a cubierto y llamó a la comisaría para pedir refuerzos. Para entonces las llamadas pidiendo auxilio ya habían comenzado a llegar y los vehículos de los SWAT (las fuerzas de élite de la Policía) se presentaron 20 minutos después. Pero las explosiones continuaban y los oficiales no tenían idea de cuántos atacantes había, ni cómo distinguir entre los asesinos y las víctimas. “No querían entrar disparando y matar a los chicos equivocados”, dice Cathy Scott, madre de dos estudiantes que lograron escapar. Por eso la Policía se agazapó mientras que las bombas seguían explotando.

Arriba, en el departamento de Ciencias, el profesor Dick Will pensó: “Otra vez, los estudiantes de Química con sus explosiones”. Pero cuando sonó la alarma de incendios, se dio cuenta de que esto no era ningún experimento. Algunos de sus alumnos salieron al pasillo para ver lo que pasaba y volvieron gritando, aterrorizados: “¡Están disparando!” Will juntó a sus estudiantes en un rincón del aula, apagó las luces y amontonó mesas y sillas contra las puertas.

Otros profesores hicieron lo mismo. El profesor de Negocios, Dave Sanders, se encontraba en la sala de profesores cuando escuchó ruidos. Cuando corrió hacia la cafetería, se encontró en un campo de batalla. “Nos gritó que nos tiráramos al piso y cerráramos la boca”, dice la estudiante de primer año Kathy Carlston. “Nos arrastramos hasta llegar a las escaleras”. Cuando los disparos volvieron a sonar, algunos se pusieron de pie y comenzaron a correr. Sanders se quedó en el suelo, apoyado sobre los codos, indicando a los chicos dónde podían buscar refugio mientras los asesinos se acercaban. Demasiado aterrada para mirar atrás, Kathy no pudo ver a los atacantes, pero sabía que estaban cerca, muy cerca. También estaba consciente de que su 1.80 m de estatura la convertiría en un blanco fácil. Por esa razón, mientras otros chicos salieron corriendo por un pasillo del primer piso, ella decidió subir hasta el segundo. Intentó abrir la puerta de un aula de ciencias, pero estaba cerrada con llave. Frenéticamente, atravesó todo el pasillo hasta llegar al aula de ciencias número 3, donde otros profesores habían reunido a sus alumnos.

Las víctimas (004)Los estudiantes estaban en medio de un examen de biología largo y difícil cuando comenzaron las explosiones. Lexis Coffey-Berg, de 16 años, primero vio a Sanders corriendo hacia ellos y luego vio cómo recibía dos impactos en la espalda. “Se podía ver el impacto recorriendo su cuerpo, escupía sangre”, dice. Sanders entró tropezando en la sala, con sangre brotándole del pecho, y cayó de bruces sobre un pupitre.

Un profesor consiguió llamar por teléfono a los paramédicos y el aula se transformó en una sala de emergencia. Aaron Hancey, un estudiante de tercer año, sabía un poco de primeros auxilios y los paramédicos intentaron instruir a los jóvenes sobre cómo atender al profesor herido. Los chicos se sacaron las camisas para hacer una almohada y vendajes para taponar las heridas sangrantes de Sanders. Encontraron algunas mantas y lo arroparon. Su temperatura comenzaba a descender y se dieron cuenta que lo iban a perder. “No puedo respirar”, murmuró Sanders. “Tengo que irme”. Pero ellos continuaron hablándole; sacaron de su billetera las fotos de sus hijas y se las mostraron. Los alumnos le pidieron que hablara de ellas. “Respiraba y estuvo despierto todo el tiempo”, dice Jody. “Sé que le dolía muchísimo”. Escribieron un mensaje en una pizarra y la pusieron en la ventana para que los equipos de rescate la vieran. “Socorro, se desangra”.

evacuacion-en-columbineEn los televisores de los aulas, los estudiantes podían ver cómo los helicópteros sobrevolaban el lugar y los grupos de asalto se preparaban; incluso vieron llegar a los padres. Todo el país contemplaba en directo el sitio a la escuela. “La Policía no sabía dónde estaban los tiradores, o dónde estaban las bombas”, dice Lexis. “Y por eso no podían sacarnos en seguida”. Sus amigos comenzaron a escribir notas para sus padres, diciéndoles que los querían y que creían que iban a morir. Todos rezaban. “En un mundo con tantas religiones”, dice Lexis, “todos rezábamos de la misma manera”. Uno de sus amigos hizo un juramento. “Si consigo salir de aquí voy a portarme bien con mi hermano pequeño”.

En otros lugares de la escuela, los estudiantes se habían encerrado en armarios y aulas y usaron sus teléfonos celulares para llamar a la Policía, a sus padres y a cualquiera que pudiese ayudarles a salir. Algunos oyeron a los asesinos riéndose por los pasillos mientras acechaban a sus presas. Oían los insultos. “Maldito niñito bueno. Es buena noche para morir”. Nick Foss, estudiante de último año, se metió en un baño con un amigo suyo. Rompieron un panel del techo y se arrastraron por una vía de ventilación. El conducto se rompió y Foss cayó sobre una mesa de la sala de profesores situada unos 4.5 m. más abajo. Milagrosamente, no estaba herido; se levantó, se repuso y corrió a toda velocidad mientras el tiroteo continuaba a sus espaldas. “Disparaban como locos, por todas partes. Parecía que querían matar a todo lo que se movía”, dice. “Nunca he sentido tanto miedo en mi vida. Era correr o morir”.

Muchos de los alumnos que lograron salir corrieron hacia los estacionamientos. La Policía había oído rumores de que los asaltantes estaban cambiándose la ropa con los alumnos, así que tuvieron que revisar a todo el mundo para asegurarse de que los asesinos no escaparan camuflados como víctimas. Llegaron vecinos con mantas y vendajes y se llevaron a los chicos a sus casas. Una enfermera que pasaba por la zona de repente se encontró atendiendo a los heridos en el césped. Las ambulancias iban y venían desde los hospitales del vecindario, llevándose a los que habían logrado salir del edificio. Donn Kraemer, oficial de los SWAT, vio a un chico intentando salir por una ventana. Cojeaba, sangraba y luchaba desesperadamente por escapar. “Nos miró pero no nos veía”, dijo Kraemer. “Iba a caer de cabeza”. Kraemer y otro agente lograron sacarlo a salvo, pero con heridas en la cabeza y en un pie. Apenas podía pronunciar su nombre; los policías le oían decir algo como Rick o Rich. Se llamaba Patrick Ireland, tenía 17 años y había recibido dos balazos a la cabeza. La semana pasada se encontraba en cuidados intensivos.

asesinosDurante todo este caos, los asesinos aún estaban adentro ocupados con lo suyo. Al final, hicieron su trabajo más mortífero en el lugar más tranquilo de la escuela, el lugar indicado para encontrar a un numeroso grupo de estudiantes, cuando los exámenes finales están por empezar, y muchos alumnos andan preocupados por terminar a tiempo sus trabajos finales.

Una profesora, a quien la policía identifica solamente como Peggy, logró entrar en la biblioteca poco antes que los asesinos. Primero llamó a la Policía e inmediatamente después se le podía oír por el teléfono tratando desesperadamente de avisar a los alumnos. “Hay un tipo con un arma”, gritaba, sangrando. “Niños, debajo de la mesa. Niños, quédense ahí … Dios mío, Dios mío, niños, no se levanten”. Al principio, Craig Scott creyó que era una broma y que la profesora estaba involucrada. Pero el ruido era real, y el miedo era casi tangible. Craig se escondió debajo de un escritorio con su amigo Matt Kechter y uno de los pocos estudiantes negros de Columbine, un chico de último año llamado Isaiah Shoels. Ahí oyeron entrar a los asesinos.

Estaban riéndose, animados. Caminaban por la biblioteca preguntándole a la gente por qué debían dejarles vivir. Los estudiantes oyeron a una chica suplicar por su vida; después hubo un disparo, y silencio. Les dijeron a los heridos que no lloraran más; que pronto acabaría todo, pronto estarían todos muertos. Se acercaron a una chica escondida debajo de una mesa, y gritaron “¡Cu cu!” antes de dispararle en el cuello. Los asesinos eran completamente despiadados. Los supervivientes dicen que se comportaban como si fuera un videojuego. “Hemos esperado mucho para hacer esto”, dijeron. Uno de los pistoleros reconoció a un alumno y le dijo: “Ah, a ti te conozco. Puedes salir”. Y después: “Se nos acabó la munición. Hay que recargar. Volveremos por ustedes tres”.

Los atentados (003)

Craig se sacó su gorra y la escondió. Cuando los asesinos pasaron cerca, vieron a Isaiah y con desprecio lo llamaron “negro”. Este les suplicó que no dispararan, que lo dejaran irse a casa. Dijo que quería ver a su madre, pero ellos apretaron el gatillo. Después le dispararon a Matt. Craig, cubierto por la sangre de sus amigos, se quedó tumbado en el suelo, quieto. Dos días después se lo contó a la periodista televisiva Katie Couric, un relato de horror tan escalofriante que era difícil de contemplar. Craig comenzó a orar para tener coraje. “Dios me dijo que saliera de ahí”, declaró. Se levantó y comenzó a correr mientras gritaba para que los demás hicieran lo mismo. Una chica pidió auxilio. “Le habían volado el hombro de un balazo”, dijo Craig. “La ayudé a salir. Se estaba desangrando y se le veía el hueso”. Salieron de la biblioteca, encontraron una salida y llegaron hasta los policías. Craig les describió a los asaltantes y les indicó dónde estaban.

Mientras tanto, el profesor Sanders agonizaba en el aula de ciencias. Los alumnos trataban de dar instrucciones a la policía para llegar al lugar, pero reinaba la confusión y el tiempo seguía pasando. Le dijeron por teléfono que tardarían 10 ó 15 minutos hasta poder ayudarlo. “Demasiado tiempo”, respondió Sanders. “Díganles a mis hijas que las amo … a mi esposa …”.

Al final, el rescate de los estudiantes en el segundo piso se demoró unas tres horas y media. Los estudiantes pidieron que la Policía les ayudaran a sacar a Sanders. La Policía se negó, conduciendo a los chicos por los pasillos y pasando junto a cuerpos caídos y sangre por todas partes. El lugar ahora estaba inundado con unos 15 cm de agua de los aspersores; sobre las mesas de la cafetería había sandwiches a medio terminar, ahora empapados. “Todo estaba en su lugar”, dice Lexis, “como si fuera un día corriente”. Recuerda los gritos de la Policía: “si alguno separa las manos de la cabeza lo apartamos inmediatamente. Levántense con las manos en la cabeza. ¡Corran! ¡Corran!”.

Era demasiado tarde para Sanders. Su respiración se fue apagando poco a poco, y su rostro se puso azul y pálido. Murió pocos minutos después de la llegada de los paramédicos. “La espera fue demasiado larga” dice Jody Clause. “Todo lo que ocurrió parece irreal”.

Mientras tanto, los aterrorizados padres seguían el desarrollo de los acontecimientos en directo. Al oír la primera ola de noticias, salieron a toda velocidad hacia la escuela, algunos abandonando sus coches en cualquier lugar. En medio de la confusión, se dirigían a toda persona que parecía “oficial”, suplicando que les diesen noticias de sus hijos. ¿Por qué se demoraba tanto la Policía? ¿No sabían que sus hijos estaban dentro? Algunos niños escapaban corriendo, pero aún faltaban muchísimos. ¿Dónde están? ¿Quién los está ayudando? Más tarde los oficiales les dijeron que se trasladaran todos a Leawood, una escuela primaria cercana, y la vigilia continuó allá. Los padres aguardaban mientras los autobuses escolares amarillos iban llegando uno tras otro, cargados con unos 40 niños cada vez, que bajaban y abrazaban dichosos a sus familias y sus amigos, como una lotería macabra.

columbine30nov_gBruce Beck miraba con ansiedad a todos los que llegaban. Buscaba a su hijastra Lauren Townsend. “Uno ve salir a los niños de la escuela, convencido de que el suyo va a estar entre ellos”, le dijo al periódico Rocky Mountain News. La madre de Lauren esperaba noticias junto al teléfono. Pero no hubo noticias. Se hizo de noche. Mientras la multitud iba disminuyendo, los que quedaban se sentían cada vez más desesperados. A esta altura, la Policía ya había tomado control de la escuela Columbine, pero explicaron que había bombas escondidas entre los cuerpos, por lo cual era muy peligroso retirarlos. Después les pidieron regresar por la mañana con las fichas dentales de sus hijos. Dos madres salieron corriendo del edificio y vomitaron afuera.

Se demoraron horas en registrar todos los datos de la masacre. “Entre los SWAT había gente que había estado en Vietnam y ahora sollozaban ante lo que veían”. Pero los oficiales no apreciaron el nivel de aniquilación planeado por los asesinos hasta el jueves por la mañana. En la cocina de la escuela encontraron una bolsa de lona con un paquete siniestro. Contenía un tanque de propano, latas de gasolina, clavos, balines y vidrio -suficientes como para acabar con docenas de vidas en la cafetería. El comisario John Stone dijo: “iban a destruir la escuela”. Antes de suicidarse, disparándose las dos últimas balas en la cabeza, los asesinos habían utilizado más de 900 cartuchos de municiones. Usaron dos escopetas recortadas, una carabina semiautomática de 9 mm y un arma corta semiautomática TEC-DC 9. Más tarde, la Policía descubrió más de 30 bombas: en la escuela, había bombas fabricadas con pedazos de cañería, y también encontraron bombas en un automóvil en el estacionamiento. Era un arsenal tan grande que hizo sospechar que Harris y Klebold no actuaron solos.

Lo peor de buscar una explicación es el temor de que no haya ninguna. Se habló mucho de la cultura emponzoñada en que vivían estos jóvenes, pero otros beben de las mismas aguas sin convertirse en asesinos de masas. Se habló de familias con trastornos graves, con algún problema del pasado que había sido enterrado psicológicamente. Pero en los primeros días después de la masacre, toda esta arqueología no produjo ninguna conclusión que podía explicar algo tan gigantesco.

Se decía que Dylan Klebold era el espíritu más tranquilo de los dos: callado, quieto, en busca de un jefe. Lo encontró en Eric Harris, cuando la familia de éste se mudó a Littleton desde Plattsburgh, Nueva York. Thomas, el padre de Dylan, es un ex geofísico que ha fundado un negocio de gestión hipotecaria que administra desde casa. Su madre, Susan, trabaja con niños ciegos y discapacitados en una pequeña academia local. Viven en una casa moderna de madera y cristal situada en una hermosa zona rocosa llamada Deer Creek Mesa. Un día antes de la masacre, algunos vecinos de los Harris vieron el BMW negro de Klebold aparcado frente a la casa de Eric. Wayne Harris, el padre de Eric, es un condecorado piloto de la Fuerza Aérea. Uno de los vecinos oyó a uno de ellos preguntándole al otro si tenía un bate de béisbol metálico. Desde el garaje se oyó el sonido de martillazos y vidrios rotos. “Siempre estaba dentro con la puerta cerrada”, dijo un estudiante de quinto grado que vive cerca. La Policía dice que es posible construir 30 bombas en una tarde con menos de 200 dólares en materiales. Estos se consiguen en cualquier ferretería o tienda deportiva.

Las recetas para estas bombas son aun más fáciles de conseguir, sobre todo para un chico con destreza cibernética. La página Web de Harris -actualmente retirada por el proveedor de Internet America Online- ofrecía minuciosas instrucciones para la construcción de bombas. “Voy a montar explosivos por todo el pueblo”, escribió. “No me importa si vivo o muero”. En el mismo lugar escribió que una bomba casera es “la forma más fácil y mortífera para matar a un grupo de gente” y aconseja sobre la metralla: “Se pueden usar tornillos, balines, todo tipo de clavos…”.

asesinos en accionKlebold y Harris ya conocían de cerca el sistema legal. En enero de 1998 se confesaron culpables de robo, tras descerrajar una camioneta y robar equipo electrónico por valorado en 400 dólares, e ingresaron en un programa de rehabilitación del juzgado. Esto les permitió limpiar sus antecedentes penales juveniles mediante la participación en programas comunitarios y en terapia para el control de la violencia. El 3 de febrero pasado se les permitió terminar el programa anticipadamente por haber sido participantes ejemplares. “Eric es un joven muy brillante que tiene todas las posibilidades para poder triunfar en la vida”, decía el informe final sobre Harris. A propósito de Klebold, decía que era “suficientemente inteligente para convertir sus sueños en realidad, pero necesita entender que eso requiere esfuerzo”.

Los profesionales de este programa y las personas que tuvieran contacto diario con Harris y Klebold no percibieron ningún indicio de alarma. De hecho, el dueño de la pizzería donde los dos trabajaban dijo que los chicos eran modelos de buena conducta. Se ha hablado mucho de su feroz racismo, pero la gente que conocía a Harris en Plattsburgh tenía buena opinión de él. Según el periódico local, algunos de sus mejores amigos eran negros y asiáticos. Y en cuanto al supuesto neonazi Klebold, su bisabuelo era un prominente filántropo judío de Ohio.

A pesar de las amenazas y las intenciones, la matanza fue indiscriminada. Dispararon sobre toda la gama estudiantil: el genio matemático, la actriz, el luchador, el orador, deportistas, músicos de la banda estudiantil, alumnos de primer y último año. Le dispararon al entrenador de futbol y al profesor de ciencias. “Les dispararon a todos”, dice Nick Zupancic, estudiante de último año.

Ya pasaron los funerales y se amontonaron las flores sobre la nieve primaveral en el estacionamiento de la escuela. Ahora llega el momento de las recriminaciones. ¿Cómo puede ser que sus padres no supieran que su garaje era una fábrica de bombas? Yen la escuela, ¿cómo no percibieron que aquel odio era más que alienación juvenil? ¿Por qué fue tan cautelosa la Policía cuando dentro de la escuela había personas desangrándose? ¿Hubieran hecho lo mismo con sus hijos dentro?

Frank DeAngelis, el director de la escuela secundaria Columbine, dice que la escuela hizo todo lo humanamente posible. “Ni siquiera teniendo en alerta a la Guardia Nacional se habría podido detener esto”, dijo. Incluso con detectores de metal en las entradas del edificio, no habría podido evitar una matanza. DeAngelis tampoco cree que los asesinos hubieran escondido su arsenal con antelación, aunque este argumento se debilitó al saberse que Harris, en su calidad de miembro del programa audiovisual estudiantil, puede haber tenido una llave de la escuela. Quizás una estrategia preventiva sería registrar todos los vehículos del estacionamiento, pero eso, dice DeAngelis, “simplemente no es factible”. DeAngelis le pasa la responsabilidad a los estudiantes. “Ellos deberían informar de cualquier amenaza, por nimia que sea. Deben decírselo a los adultos y luego es nuestro trabajo investigarlas”. ¿Cómo pudieron ignorarse signos tan evidentes como las páginas de Harris en la Web, o sus violentas historias y videos? DeAngelis no tiene respuesta. Los estudiantes, por su parte, respondieron con cruces: cuatro rosadas para las chicas, nueve azules para los chicos y dos cruces negras, aparte, para los asesinos.

Informes de Julie Grace, S.C. Gwynne, Maureen Harrington, David S. Jackson, Jeffrey Shapiro y Richard Woodbury/Littleton

Estructura de las noticias

Un texto periodístico con una redacción intercalada o romanceada, con citas directas e indirectas es la base de cualquier producto informativo.

Sea para prensa, radio o televisión o nuevas plataformas, la estructura es muy similar. Sin dejar de lado la jerarquización de la pirámide invertida.

En televisión, por ejemplo, la estructura de la noticia está integrada por una introducción al tema o presentación de un conductor; un entrada del reportero, quien desglosa su producto informativo intercalando declaraciones o inserts de declarantes.

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Ejemplo de una versión estenográfica.

Apuntes para cronicar

Según Carlos Marín en su Manual de periodismo, la crónica es el “relato pormenorizado, secuencial y oportuno de los acontecimientos de interés colectivo”.

Tras la escueta definición vale la pena el análisis detallado del género.

Julio Villanueva Chang, editor de la revista Etiqueta Negra, refiere que “la crónica sobrevive en el universo raudo y pedestre del comunicado oficial y la entrevista de banqueta”, con lo que nos remite a un trabajo especializado.

http://www.letraslibres.com/revista/convivio/apuntes-sobre-el-oficio-de-cronista

“Una crónica lograda es literatura bajo presión”, dice Juan Villoro, y con ello le imprime un halo de misticismo a su escritura.

Ante tanto por decir, vale la pena revisar algunas crónicas en un número especializado de la revista Letras Libres.

http://www.letraslibres.com/hemeroteca/edicion-espana/especial-de-verano-9-cronicas-9

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Publicidad mundialista viral de Brasil 2014

Neymar, Messi, Chicharito, Cristiano Ronaldo… y los que se acumulen; la creatividad publicitaria para el Mundial  Brasil 2014 busca la viralización en redes sociales. Compartimos tres ejemplos antes del silbatazo inicial.

Con casi 5 millones de vistas, el spot  “The Game Before The Game“, de Beats se ubica entre los más virales previo al Mundial.

Cercano a los 2 millones de vistas en siete días, el spot “Ooredoo and Leo Messi“, sería el segundo lugar.

Y con mayor exposición de tiempo, “I am brazuca“, de la marca Adidas, lanzado desde diciembre pasado, acumula unos 4 millones de views.

Sigue el Calendario oficial de la FIFA para el Mundial Brasil 2014.

 

30 años de asesinar periodistas

Se cumplen tres décadas del asesinato del periodista Manuel Buendía este 30 de mayo. El autor intelectual del homicidio, José Antonio Zorrilla Pérez, en el año 1984 director de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), una especie de lo que hoy es el Cisen, se encuentra en arraigo domiciliario, donde completa su sentencia.

Manuel Buendía

Icónica imagen del creador del “Ejercicio periodístico”, sentado frente a la máquina de escribir.

La vasta trayectoria de Buendía como periodista registra su paso por la revista La Nación, del PAN; y por diarios como La Prensa, El Día, “Los Soles”, El Universal y Excélsior; también destaca su desempeño en oficinas públicas y su actividad como docente en la Escuela de Periodismo Carlos Septién.

Libro Manuel Buendía

La experiencia de Buendía se convirtió en un manual de la prensa en México.

El asesinato de Manuel Buendía, como el de cualquier periodista, confirma que, en México, el llamado cuarto poder se ejerce sin protección, y que es el único poder que se encuentra en acoso permanente, a merced de poderes institucionales o delincuenciales. Mucho se ha escrito y, lamentablemente, mucho se escribirá sobre el tema.

Hace 20 años, el profesor Miguel Ángel Granados Chapa –discípulo, amigo y compañero de Buendía–, recordó  (“Buendía: diez años después”, Reforma, 30/05/94) que el propio autor intelectual del homicidio asistió al funeral.

“Aún me repugna el recuerdo de su figura, la noche misma del asesinato de don Manuel. Era una escena literaria, cinematográfica: el homicida presidía el duelo, asumiéndose como el principal de los deudos, organizando el funeral, mostrando a quien quisiera verla, la agenda en que tenía inscrita una cita inminente con Buendía. Representaba, a los ojos de todos, su papel de amigo entrañable, y por eso mismo fuera de toda sospecha. Allí mismo, en el velatorio, el presidente De la Madrid lo instruyó para que se encargara de la investigación”.

La impunidad del crimen organizado en complicidad con las redes de protección gubernamental del régimen priista encontró que el asesinato de periodistas era la manera de callar a quienes les resultaban incómodos.

Diez años atrás, Granados Chapa refutaba las versiones de Miguel de la Madrid sobre el asesinato de Buendía, hechas públicas en un libro de la autoría del ex presidente.

“La apreciación más reciente sobre ese artero homicidio aparece en el séptimo informe del ex presidente Miguel de la Madrid, que ése es el tono de su libro testimonial titulado Cambio de rumbo, salido de las prensas hace dos meses” (“Buendía y De la Madrid”, Granados Chapa, Reforma, 28/05/2004).

Funeral de Manuel Buendía

Funeral de Buendía en 1984.

A 30 años de distancia, México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo: “En la última década han sido asesinados más de 80 periodistas y 17 han desaparecido”, se lee en el informe 2013 de Reporteros Sin Fronteras.

El asesinato de Buendía, ya lo dijo en su momento Granados Chapa, fue el preludio de lo que se ha convertido en un modus operandi para frenar el trabajo de la la prensa en México.

Por Octavio Ortega/ @Octavous / Administrador del Blog.

Busca Peña mayor control con #LeyTelecom

Por Óscar Bravo/ @UVMMEXICO
La diputada Luisa María Alcalde Luján, del partido Movimiento Ciudadano, considera que la reforma secundaria en materia de telecomunicación propuesta por el presidente Enrique Peña Nieto tiene como por objetivo ampliar los controles del Presidente.
Integrante del Frente por la Comunicación Democrática, agrupación de legisladores en contra de la reforma del Ejecutivo en telecomunicaciones, Alcalde Luján explica que por lo menos en tres rubros, como internet, competencia y medios indígenas, la iniciativa no favorece al ciudadano.

Tomada de Twitter

Este 26 de abril se realizó una protesta contra la #LeyTelecom de Los Pinos a Televisa. Foto del Twitter @LuisaAlcalde.

Promotora de la #CadenaHumana que se realizó el fin de semana pasado, la legisladora detalla que con la reforma se permitiría la intervención de llamadas telefónicas o que empresas como Facebook y Youtube puedan bajar información de los usuarios cuando ésta se considere no apta.

“En internet, aquí se censura, se inhiben señales de comunicación por casos (que se argumenten) de seguridad nacional”, resalta.

En el tema de la competencia, detalla que la ley secundaria difumina la obligación constitucional de determinar empresas preponderantes.
“Televisa, por ejemplo, es monopólica en la tv abierta, pero no en la de paga; en esto el Ifetel logra que amplíen el sector, y poder poner la preponderancia económica y todo se sumará y esto hará que no se pueda competir con estos monstruos, ya que no habrá nuevos competidores como se había dicho”, explica.

Detalla que la ley, que ahora está detenida por falta de consensos en el Senado, condenaba al fracaso a los llamados medios sociales o indígenas, pues no los facultaba para vender espacios publicitarios, con lo que los sometía a quedar como proyectos marginales por falta de recursos.
Asegura que el fin de esta ley es ampliar los controles de información gubernamental pues el Ejecutivo ya tiene trato directo con TV azteca y Televisa y por ello buscaba ahora controlar a un medio como internet y a nuevos medios sociales.
“Estoy en contra de esta ley; estamos a favor de la competencia y democratización de medios; si esto no se logra, nunca vamos a llegar a una democracia real y el gobierno hará que veamos el lado de la moneda que quieren siempre mostrar”, asegura.

Luis María Alcalde

La legisladora por Movimiento Ciudadano es también promotora de Morena, el partido de López Obrador. Foto del Twitter @LuisaAlcalde.